La transposición pedagógica

Cuando buscamos el significado del término “transposición”, inmediatamente lo relacionamos con la alteración del orden normal de las palabras en un segmento dentro de una oración; también encontramos que es la acción de transponerse; y “transponerse” (por el contrario), trata de la desaparición de una persona o cosa detrás de un objeto lejano.

A diferencia de lo que puedas estar pensando, no hablaremos de la transposición como cambio de palabras en una oración, ni del “acto de desaparición de alguien detrás de un objeto lejano”; hablaremos de la transposición desde la perspectiva de la pedagogía como teoría. La teoría fue creada en 1975 por el filósofo, sociólogo y profesos universitario Michel Verret (1927-2017), y retomada en 1985  por Yves Chevallard (1946-2026), quien hizo que fuera más conocida.

Michel Verret la expresa de la siguiente manera: “transposición de aquellos que saben, a aquellos que no saben. De aquellos que han aprendido, a aquellos que aprenden”. Para que no exista confusión, Yves Chevallard es el creador de la teoría en relación a las matemáticas.

¿Te has preguntado alguna vez cómo han hecho los científicos para convertir sus complejas teorías a un lenguaje comprensible para sus estudiantes dentro del aula de clases?

Este proceso fascinante no ocurre gracias a la casualidad, sino que responde a un mecanismo esencial dentro de la educación cuyo nombre es la transposición didáctica. Michel Verret demostró que el trabajo del docente dentro del aula de clases es toda una obra de ingeniería compleja y humana que va más allá que de simplemente “dictar un tema”. Enseñar exige una alquimia profunda que desincretiza, despersonaliza, programa y evalúa el conocimiento humano.

Del “saber sabio” al “saber enseñado”

El conocimiento puro y académico (saber sabio), producido por especialistas en laboratorios y universidades no puede ser llevado en su estado original a la escuela; para que pueda ser comprendido por los estudiantes debe sufrir transformaciones adaptativas que lo modifiquen cualitativamente, y lo conviertan en conocimiento apto para ser digerido: esto lo convierte en “saber enseñado”.

Para el filósofo Immanuel Kant, el conocimiento inicialmente comienza con la experiencia (estimulación que hacen los objetos a los sentidos para la formación de representaciones y asociaciones entre ellos); sin embargo, también influye el entendimiento  (manera de concebir, comparar, juzgar, inducir las cosas y deducir de las que ya se conocen).

Con base en lo descrito, podemos hablar de dos tipos de conocimiento: el conocimiento “a priori” (independiente de la experiencia y de las impresiones  sensibles), y el conocimiento “empírico” basado en la experiencia; pero esta es una discusión que puede ser desarrollada en otro momento. Por ahora, lo importante es extraer lo que nos sea de interés en el tema que estamos tratando.

¿Qué hace falta para que un conocimiento científico logre ser “escolarizable”?

Primeramente considero que debemos tomar en cuenta que para un estudiante, el conocimiento es la adquisición de información, habilidades y la comprensión acerca de un tema específico; esto representa el proceso de aprender, entender y aplicar lo aprendido en diferentes contextos. Puede ser adquirido a través de la educación formal, la educación informal, o la educación no formal.

Este conocimiento adquirido mediante la observación, experiencia, la investigación y la interacción con otras personas es esencial para su crecimiento académico y personal, ya que le permite ampliar su perspectiva, desarrollar el pensamiento crítico, tomar decisiones informadas, adaptarse a situaciones diferentes, resolver problemas efectivamente, y contribuir con la sociedad.

Para lograr que un conocimiento científico (puro y académico), pueda convertirse en escolarizable, es necesario que sea sometido a una preparación didáctica, mediante los siguientes pasos: el primero de ellos es la desincretización o separación de las prácticas de investigación originales y su división en temas y materias delimitadas.

El segundo paso es la despersonalización o desvinculación del saber de la persona o científico que lo descubrió, o lo propuso, convirtiéndolo así en conocimiento universal y objetivo. El tercer paso corresponde a su organización en secuencias lógicas y estructuradas para que el estudiante pueda adquirirlo progresivamente, a lo largo del curso, o del año escolar. Por último, está el establecimiento de métodos para que el aprendizaje pueda ser evaluado y verificado de forma regulada (control social).

El Sistema Didáctico (Ecosistema del aula)

Una vez que el conocimiento científico ha sido transformado en escolarizable, ingresa a un espacio donde el docente ejecuta su verdadero rol técnico dentro de una maquinaria de aprendizaje y gestiona dos variables fundamentales. Este espacio dinámico caracterizado por la interacción de tres elementos vitales: el docente, los estudiantes y el saber recibe el nombre de Sistema Didáctico.

La primera de estas dos variables es la cronogénesis (administración inteligente del “tiempo didáctico”). En la cronogénesis el docente define el ritmo en que debe avanzar el proceso de compartir conocimientos frente a lo que el estudiante ya domina). Para conocer el pasado del aprendizaje frente al futuro, se vale de los resultados de una evaluación diagnóstica. La segunda variable del Sistema Didáctico es la topogénesis (el momento en el que el docente asume la autoridad del saber y el momento en que cede dicho espacio al estudiante para que construya su conocimiento y demuestre su grado de competencia).

El Sistema Didáctico es un sistema abierto; en ese sentido interacciona con el entorno. Este entorno está conformado por padres de familia, representantes de las instituciones educativas, especialistas y sociedad en general. En dicho entorno se debaten temas relacionados con el pasado, el presente y el futuro del  proceso educativo en desarrollo.

La vigilancia epistemológica

Para el filósofo francés Pierre Bourdieu (1930-2002), la vigilancia epistemológica es el uso de técnicas de objetivación por parte de un investigador cuando reconoce que existe una separación entre el discurso científico y la opinión común. Esta vigilancia resulta en una actitud que debe ser tomada a lo largo de todo el proceso de investigación que responde a los actos epistemológicos del procedimiento científico: la ruptura, la construcción y la comprobación. Un acto epistemológico es cualquier actividad que nos permita aprender algo nuevo, o ampliar nuestro entendimiento sobre un tema específico.

En el caso del docente, la vigilancia epistemológica significa cuestionar y revisar continuamente si el conocimiento que se imparte a los estudiantes conserva su validez científica original, rompiendo de esta manera las falsas ilusiones de que los planes de estudio siempre son perfectos e incuestionables. Dicho en otras palabras: la actualización continua y permanente del conocimiento, a través del estudio.

Conclusión:

No se puede enseñar un objeto sin transformación.

Toda práctica de enseñanza de un objeto presupone la transformación previa de su objeto en objeto de enseñanza.

Se instituye una distancia entre la práctica de enseñanza y la práctica en que el saber es enseñado.

La transposición implica tres procesos: una separación; una selección y una transformación.

Lo que hemos compartido solo es una parte de un vasto conocimiento existente en materia de educación. Espero que este acto epistemológico te permita aprender algo nuevo, o ampliar tu entendimiento sobre el tema. Tus aportes al tema son importantes.

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